L@s guerrer@s de hoy... y de siempre

Cuando estudiaba en el colegio los hitos de la historia, en cualquier materia, filosofía, ciencia, literatura… lo hacía para saber escribirlos luego en un examen. Esa era la propuesta.

 

 

Por ejemplo: Copérnico fue un científico de la edad media cuya mayor aportación fue decir que la tierra no era el centro del universo (geocentrismo), sino que ésta giraba alrededor del sol (heliocentrismo) y este era el hecho destacable a aprenderse para el examen.

 

Hoy en día me pregunto, qué crees que hubiera pasado si alguien hubiera planteado, por ejemplo, estudiando a Copérnico, algo así:

 

 

“Imagínate que toda la humanidad cree que todo gira alrededor de la tierra y va un científico y te dice que no, que la tierra gira alrededor del sol, que lo que cree todo el mundo es erróneo y que hay que revisar todas las ideas y creencias que hasta ahora se han configurado a su alrededor”

 

Y ante eso hubiéramos reflexionado sobre el impacto de este hecho en el propio Copérnico, en la comunidad científica, política y religiosa a la que le llegó esta noticia (recuerda que hubo un tiempo en el que no existía móviles ni internet), en la población civil (si es que les llegó)….

 

 

Hubiera sido apasionante retrotraernos a la época y ponernos en la piel de Copérnico, en su casa, revisando una y otra vez sus notas, viendo su descubrimiento y sintiendo, a la vez, alegría desbordante y pánico al tener que anunciarlo, pensando en las consecuencias, por ejemplo…. colocarnos en la piel de sus colegas científicos, agarrados a la antigua idea intentando descalificar a Copérnico, o los que lo aplaudieron, a los estamentos eclesiásticos, con lo que esta nueva visión implicaba….

 

 

¡Igual no hubiéramos dado todo el temario pero hubiera sido muuuuucho más rico!

 

 

Pienso así para todas las personas que en un momento dado de la historia dieron un paso adelante para mostrar sus nuevos avances, romper con lo establecido, poner en riesgo lo que fundamentaba sus vidas e iniciar un nuevo camino con lo descubierto.

 

 

Y si a estas alturas del texto sigues leyendo imagino que estarás pensando…. ¿y dónde irá a parar esta larga reflexión?

 

 

Pues verás, este hecho histórico de la humanidad, de ir revisando teorías, pensamientos, creencias… e ir avanzando, para en el fondo, tener una vida más plena y dejar a nuestros hijos un mundo mejor, es lo que considero que es UN PROCESO DE CRECIMIENTO personal.

 

 

Un camino de guerrer@, en el que las ideas y creencias que aprendimos en nuestro sistema familiar, social y cultural las cuestionamos, las revisamos y las vamos evolucionando, a pesar o mejor dicho, con los miedos que implica cuestionarte lo incuestionable, despejar la niebla que a veces acompaña a esa idea, tomar la riendas de lo que realmente tú sientes y empezar a vivir de forma diferente a la aprendida, acorde a eso que sientes.

 

 

Son muchas, muchas las frases y creencias que voy revisando. A día de hoy estoy flexionando sobre el impacto que puede haber tenido en mi vida la frase que encabeza un artículo de Javier Muro: El sufrimiento no te da derecho a nada….

 

 

¿Estás tú con alguna que te resuena puede ser importante revisar?

 

 

Me encantará conocerla, ya que creo que “nada de lo humano nos es ajeno (Publio Terencio 165 a.C.)” y seguro que me hará reflexionar a mí también.

 

 

¡Buen camino!

 

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La densidad

 

Me cuesta convivir con el invierno, aunque sea benigno como el de este año, aunque sea muy necesario para limpiar, aunque de unos paisajes tan hermosos, aunque la nieve sea uno de mis escenarios preferidos, aunque me permita quedarme en casa recogida…. Aun y con toda su hermosura  me cuesta.

 

 

Y es que mi cuerpo, todo él, de los pies a la cabeza, se comprime, me aprieto como si quisiera sellar todos los poros de mi piel para que no se escape el calor que circula por dentro. Me pongo avara con mi calorcito, no quiero que desaparezca.

 

 

Y claro, de la compresión a la densidad va un paso….total que llego siempre por estos meses con bastante espesura en mi cabeza y también bastante densidad corporal. Mis movimientos son más lentos, menos ágiles, menos frescos Y esto lo noto y lo notan.

 

 

Dicho esto, ¿qué hago yo en estos periodos donde mi cabeza va más lenta, mis pensamientos no están tan fluidos y a mi cuerpo le cuesta arrancar? Tengo una combinación divina.

 

 

Con la mayor regularidad posible: centramiento/meditación y movimiento, todo el que puedo. Noto que por momentos me ensancho, algo se abre en mi pecho y mi cabeza se despeja. Cuando la pereza me toma y rebajo estos momentos ¡plofff¡ me cierro y me densifico.

 

 

¿Y tú qué haces cuando te sientes desn@?, ¿cómo te aligeras?

 

¡Seguro que much@s compartís densidad y espesura en algún momento del año!

 

¡Me encantará leeros, a ver si tomo ideas!

 

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INvierno, INtrospección

Tiene algo de poético el silencio de mi mano.

 

Aparece calmada, discreta, como que no está. La miro y veo cómo se va posado por todos los espacios que habito, cómo recorre suavemente las texturas que descubro… añade la pausa al libre circular de mi vida.

 

Registra la cantidad y la calidad de mi alrededor, la suavidad y la aspereza, el frío y el calor, lo tierno y lo firme… me da presencia cuando me ausento en la vaguedad de mis pensamientos.

 

Y digo poético porque para mí no hay nada más poético que el devenir de las estaciones del año. Una viene y la otra sale, sin drama. No hacen, no empujan, si una se retrasa la otra se alarga, si una no parece lo que debe ser, la siguiente no se lo recrimina…

 

Bien, pues parece que mi mano es la única de la casa que se ha acomodado al invierno y eso es lo que me parece poético. Ha estado en silencio, discreta, lenta, reflexiva… ha estado de invierno. ¡Y me da mucha alegría!

 

El resto de mi cuerpo sigue empujando, cargando, creyendo que puede… pero hoy no quiero poner la atención en eso (sólo de pasada pedirle perdón a mi espalda). Hoy quiero CELEBRAR y HONRAR a la parte de mí que se acomodó al invierno, que se sumó a la lentitud, a la introspección, a la reflexión y al silencio.

 

Y lo quiero celebrar con vosotr@s compartiendo este precioso poema de Hugo Mújica, de su libro Lo Naciente (¡Dios, qué descubrimiento!)

 

La poesía no da a conocer

las cosas,

ni a la montaña

                      ni a la lluvia que sobre ella cae,

 

da a escuchar al silencio en el que las cosas son

                                               cuando están en ellas mismas.

 

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¡Paren la rueda que me bajo!

Cuando iba al colegio me miraba el curso escolar como aquello que ocurría entre el 15 de septiembre y la Mercè, de la Mercè al puente de la Purísima y de la Purísima a Navidades.

Este trimestre lo teníamos salvado porque además estaba el Pilar y Todos los Santos de desahogo.

El segundo trimestre era duro, duro, hasta semana santa nada de nada y encima la Cuaresma.

Y el último tampoco era para tirar cohetes pero estaba la fiesta de San Juan que marcaba el final de curso y además era el último e íbamos hacia el verano….se hacía más llevadero.

Siempre pensé que 12 meses del tirón era insoportable. Yo necesitaba hitos de cambio, momentos que marcaran algo diferente y me lo hacía así, con los festivos. Porque las estaciones del año eran muy largas y a veces despistaban, llegaban primaveras que no parecían primaveras, inviernos cálidos, otoños sin gota de lluvia….


Toda esta introducción es para mostraros cómo de importante es para mí, este trocito del año, desde la Purísima hasta Navidades y no por las compras, ni las reuniones familiares, sino porque es momento del año donde tengo la sensación de “cierre” más grande. Por eso es importante para mí.


Cerrar, dar por terminado algo y volver a empezar con lo aprendido es algo que necesito hacer para ir liberando mi “memoria RAM”, sino tengo la sensación de ir dando vueltas a una rueda como un hámster. Necesito tomar nuevos caminos que dentro de la rueda no están, necesito parar, reflexionar, revisar, contemplar, descansar y recuperar fuerzas para bajar de la rueda e ir por otros caminos (¡hasta la siguiente rueda!, no os penséis).


No viene solo: fijaos qué paradoja, me he de poner activa, para parar de dar vueltas a la rueda, decidir bajar e ir por otros caminos.


Os invito a hacer esta parada juntos: si decides seguir en la rueda, ¡estupendo!, será una decisión libre, no desde la inercia y si quieres seguir por otros caminos lo podrás hacer.


¡Feliz hibernación!

PD: ¡Ojo a l@s ansios@s! esta parada puede durar minutos, horas, días o años….según cómo de cargada tengas tu “memoria RAM” y la de espacio que requiera el nuevo programa a instalar….

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Para no perderlo de vista...

Ya de regreso de México, con la energía renovada, os quiero compartir algunos pensamientos en los que me he entretenido en las muchas horas de avión y aeropuerto….

  • Las personas que se inscriben en mis talleres de juego, movimiento y expresión, en cualquier formato que les dé, describen su sentir, antes de empezar, con alguna de estas palabras: curiosas, inquietas, con vergüenza, con miedo, ilusionadas, a la expectativa, no sé, nerviosas, cansadas, con pereza, con ganas…
  •  Durante el taller, todas las personas adultas, de todos los lugares en los que he estado, cuando se ponen voluntariamente a jugar y moverse, sonríen, se miran a los ojos y entran en contacto, piel con piel…


  • Cuando finalizan las sesiones se sienten relajadas, queridas, despeinadas, aligeradas, sorprendidas, felices, contentas, descansadas, plenas, vibrantes, con los ojos más abiertos y el corazón ablandado.

¿Será que algo tan básico como permitir lo instintivo y primario, la mirada, el contacto, la expresión emocional, es clave para nuestro bienestar?


Yo no tengo dudas, en cada encuentro en el que el juego, el movimiento y la música intervienen, algo hermoso y genuino de las personas aflora y nos genera bienestar…


¿Y tú, qué opinas?


De entrada ya te digo que me siento profundamente agradecida a TODO, por poder desarrollar estas prácticas, por poder acompañar a las personas que confían en mí y por seguir nutriéndome con ellas.

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Cosas que nunca te he dicho

Hace años que secretamente observo los cambios de las estaciones, es de las cosas en las que me dejo sorprender, año tras año y me produce placer embobarme delante de los árboles, las flores, el cielo y las nubes preferentemente.


Yo nací en primavera y tengo auténtica devoción por esa estación pero había algo del otoño que me fascinaba, y no sabía bien porqué. Y digo sabía porque el otro día tuve una comprensión. Os la cuento al final.

Antes os comparto el diálogo imaginario que me vi teniendo con un árbol que empezaba a amarillear sus hojas y tenía ya muchas a sus pies. Imaginadme sentada en un banco, haciendo tiempo, mirando fijamente al árbol….


Yo: ¿CÓMO lo haces?


Árbol: ¿el qué, qué miras fijamente?


Yo: Miro cómo vas depositando en el suelo tus hojas grandes y hermosas y sigues luciendo tan hermoso. Miro cómo te vas quedando desnudo, sabiendo que llegará el invierno y algunas de tus ramas van a morir. Miro cómo, aunque tus ramas se están desprotegiendo, tus raíces ni se inmutan. Miro cómo aprovechas el viento y el frío para soltar las hojas que ya no te sirven. Miro que haces todo esto año tras año y cada vez estás más hermoso y fuerte. Esto es lo que miro y te pregunto ¿CÓMO lo haces?


Árbol: estas hojas ya lucieron, estas hojas no me sirven, me pesan, estas hojas que ves tan grandes me han dejado preparado para dar a luz a nuevas hojitas en primavera, el invierno me sirve para hacerme más fuerte (dentro de la tierra se está bien caliente) e ir agrandando mis raíces. Si quieres que te diga la verdad: CONFÍO

Confío en que hay algo más grande que yo que me favorece, siempre y cuando no me ponga a la contra, confío en que el ritmo de las estaciones es bueno para mí, confío en que las hojas que van cayendo ya no me sirven, confío en que volverá a venir la primavera (no ha fallado ningún año, ¿por qué no voy a confiar en eso?) y nacerán nuevas hojas, confío en la fortaleza de mis raíces para seguir creciendo y para ello necesito pasar por todas las estaciones y aprovechar lo que pueda hacer en cada una de ellas. Con estas raíces puede dejar caer lo que fue…


Ahora cambiad el árbol por mí misma e imaginad el diálogo interno que me suscitó la mirada al árbol y al otoño que representaba.


Pues os podéis imaginar cual fue mi comprensión….


ROSA, CONFÍA, FORTALECE TUS RAÍCES Y PONTE DE CARA A LO QUE LA VIDA TE TRAE.


¡A por ello! Durante este mes de Otoño, todas las actividades que os propongo tendrán como hilo conductor fortalecer tus raíces y así encontrar tu confianza y coraje para soltar lo que ya no te sirve, lo que ya fue…y sí, vendrá el invierno, pero ahí, con tus apoyos bien firmes no habrá tempestad que te tumbe.

Deseo que te gusten ¿Te las reservas?

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Mi brújula, mi cuerpo

El mes de septiembre es especial, por muchos motivos. Sin duda ser el mes post-parón estival lo hace especial y además porque percibo en el ambiente (y sobre todo a través del facebook y el mail) que !HAY QUE HACER ALGO¡

Hay que hacer dieta, hay que apuntarse al gimnasio, hay que volver a ver a los amigos, hay que reservar plaza en un curso que me han dicho que es buenísimo, hay que leerse el libro tal, hay que formarse, hay que, hay que, hay que… ¡Ay!, qué susto, digo yo.

 

Como mi mail también es de estos, de los de presentaros actividades buenísimas, os comparto esta reflexión y mi truco.

 

Al hilo del último blog publicado en agosto “Con permiso, descanso…que es agosto”, y de las respuestas que me habéis hecho llegar (¡mil gracias!) he estado suavemente reflexiva este verano, observando mi cuerpo íntimamente: con la mirada, el tacto, con las sensaciones (sus dolores, sus anestesias, sus placeres…), con su sentir (sus inquietudes, sus quietudes…)

Me he cuestionado mis verdades sobre el movimiento, sobre la quietud, sobre lo lento, lo explosivo, lo sosegado, la calma, lo interno, lo externo, mi mirada, la del otro sobre mí….

 

Y me he dado cuenta de algunas cosas importantes. Así, a borbotones:

  • mi cuerpo es muy disfrutón: me gustan los placeres de la vida
  • del placer al exceso hay una línea muy fina que fácilmente traspaso, unas veces a mi voluntad y otras “me dejo arrastrar”
  •  la intensidad “me pone”
  • en la intensidad y el exceso no me entero
  • tengo el cuerpo sobre-exigido: ¿buscando el placer, la excelencia, la aprobación, el dominio….? De todo un poco y más
  • únicamente desde la quietud y lo lento he podido percibir mi inquietud interna, mi inseguridad, la desconfianza y la sobreexposición
  • la mirada del otro sobre mí me altera
  • si me observo y respiro me entero y me aflojo

¿Es esto nuevo para mí? No

¿Qué es lo nuevo para mí? Que no he de hacer NADA NUEVO NI DIFERENTE, repito, nada nuevo ni diferente. Mirando bien el problema está la solución, así que seguiré disfrutando, pasándome, temblando…. y sobretodo: observándome y respirado, respirando, respirando….

 

No se me ocurre mejor forma de seguir afinando mi brújula: MI CUERPO.

 

Esta “sencilla” y a menudo olvidada pauta, es la guía para que tu cuerpo decida qué necesitas para este curso escolar (a corto plazo) y para la vida.  Tu cuerpo sabe dónde está el norte, el sur, el este y el oeste. No hay más. Para los intensos, estudiosos, intrépidos, escépticos….quizá es poco pero ahí está el reto que me/os lanzo.

Observo, respiro, respiro, respiro y decido.

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Con permiso, descanso...que es agosto

Estoy de vacaciones, con tiempo libre y con la maquinaria mental, emocional y física tranquila y de repente me viene esta pregunta: ¿cómo es que te has de esperar a agosto para descansar?, ¿es que el resto del año no te cansas?, así de simple y así de claro.

El resto del año no te cansas... Pues sí, yo sí me canso, pero le dedico al descanso muy poco tiempo y atención. Cuando tengo hambre, como, cuando tengo sed, bebo y cuando me canso…. descanso muy poco!

¿Curioso verdad? unas necesidades las atiendo y esta del descanso no me la miro con la importancia que tiene y claro, llego a agosto desfondada y con sensación de urgencia por descansar.

Digo yo que será por algo, y algo profundo, porque yo la teoría de que el descanso es imprescindible me la sé…
Me temo que hay algo de permiso interno, me da que necesito del consenso social para parar, me da que me digo que en el resto del año “no toca”, que eso es de perezosos y vagos, me da que en esto también miro fuera. Y me lo huelo por anécdotas como la que os cuento:


Un lunes de mayo estaba yo en la parada del bus con la sombrilla para irme a la playa, repito, UN LUNES, DE MAYO!!!, tan tranquila, cuando me pillé pensando “claro como he trabajado el fin de semana, me toca descansar el lunes” (la justificación), pero lo mejor fue lo siguiente, pensé…”anda que si ahora pasara mi padre en el bus” ….
 

Cachis! otra vez me vuelvo a pillar poniendo el foco fuera de mí, desatendiendo mi necesidad por excelencia para estar presente: EL DESCANSO!

Sin comentarios, ¿verdad?, pues eso….¿cómo te va a ti con el descanso?
¿Me lo cuentas en un ratito de tiempo libre que tengas?

Feliz verano y a la vuelta os mando novedades (que las hay y muchas)!


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Terapia Gestalt - Acompañamiento individual y grupal

Desde siempre me ha fascinado los días en los que hay tormenta o grandes nubarrones y se deja entrever el sol.

 

Me gusta esta imagen como metáfora de la vida, en la que hay días oscuros, grises, luminosos, con bruma, con viento y siempre detrás está el sol radiante. A veces incluso decimos: “hoy no ha salido el sol” y realmente actuamos como si no existiera, cuando está ahí. Únicamente, no lo podemos ver.

 

Me parece preciosa esta metáfora para presentaros el acompañamiento terapéutico que os ofrezco: desde la Terapia Gestalt, en atención individualizada o en grupo, te acompaño a mirar de frente los nubarrones que llevas en la cabeza y el corazón.

 

En ocasiones te acompañare a ver las nubes, en otras a ver las nubes y descubrir contigo que el sol está dentro de ti, en otras a no dejarte cegar por la luz del sol y ver las sombras que proyectas en el otro….en definitiva, te acompaño a mirar y que puedas ver el sol que hay dentro.

 

La Gestalt es una terapia de desarrollo y conocimiento personal. Su objetivo es que consigas integrar todas tus facetas: cuerpo, cognición y emoción. La terapia Gestalt estimula la conciencia y la expresión de las emociones, aprendiendo a reconocerlas y gestionarlas. Los principios básicos de la terapia son: centrarnos en tu aquí y ahora (¿qué te está pasando?), en el darse cuenta (¿de qué te das cuenta?) y la autoresponsabilidad (¿qué vas a hacer con ello?)

 

Es un caminos de guerrer@ y te ofrezco para ello un espacio protegido en el que atender tus demandas y también un espacio de reflexión y exploración de tu mundo interno, con el único fin de que puedas vivir mejor.

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La paradoja

Observo en mi la siguiente paradoja: cuando algo me gusta me sale con facilidad el “nosotr@s” y cuando algo me disgusta sale rápidamente el “tú” o el “ell@s”.

Y le llamo paradoja (según la RAE: Dicho o hecho que parece contrario a la lógica) porque se escapa a mi lógica. A simple vista parece una reacción infantil (¿os acordáis del “yo no he sido ha sido él/ella”?) y veo que ha sido en mi edad adulta cuando he conseguido el más tremendo refinamiento de la técnica; tanto, que a veces me cuesta pillarme.


Hoy me pillé y decidí celebrarlo echando una mirada a qué es lo que opera en mi para seguir haciendo uso de esa reacción infantil con la edad que tengo!


He decidido eliminar todas las respuestas estándares de terapia del tipo: que si miedo al castigo, que si soberbia, que si yo me siento superior, que si busco la excelencia, bla, bla, bla, que no dudo que en muchos momentos eche mano de ellas, pero que ya me huelen a superficie.


Yendo más a lo profundo: ¿qué sería lo que opera en mí?


Intuyo que tiene que ver con lo que me une y lo que me separa del otro. Me explico: cuando algo me gusta, me es muy fácil resaltar las cosas que me unen al otro, las que comparto y desde ahí nace un nosotros sincero, de corazón, mientras que cuando algo me disgusta o lo juzgo penoso pongo el foco en lo que me separa, en la diferencia y ahí no hay forma de mirar ni de reojo lo que me une, es como si desapareciera y tomara mucha fuerza lo que me separa. Ahí voy engendrando una rabia o incluso odio tal que no veo.


No me sienta bien esta postura: cuando pongo el foco en lo que me separa del otro, lo pongo tanto que me desresponsabilizo y ya son ell@s l@s mal@s de la película que se llama Mi VIDA.


Oye, yo decido que ya vale de esto: una cosa son las diferencias y la otra no sentirme para nada unido al otro y dejar de verle y sobretodo de verme. Porque es en el otro en quien mejor me veo! A día de hoy mi visión 180 grados se ha afinado mucho y la 360 grados todavía tiene puntos ciegos, así que no estoy para rechazar a nadie que se ponga delante mío.


En mi experiencia en grupos es donde más me entreno en esto: palabra que no llego a la iluminación, pero sí trato de poner el foco en lo que me une a la gente, el proceso contrario es un automático que ya sé dónde me lleva, a la soledad más profunda, en la que me separo del otro y directamente de una parte de mí.

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