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¿Autoestima o autoexigencia?

Quitándole contexto y haciéndolo lo más neutro posible, esta podría ser una de las frases que más escucho en la consulta: “hay muchas cosas que yo no hago, porque tengo la autoestima baja”, o la variante “me he metido en este lío porque tengo la autoestima baja”.

Ya te digo que la primera parte de la frase no la escucho así explícitamente, he escrito el mensaje general, pero la segunda, “porque tengo la autoestima baja”, sí que es literal en la mayoría de las sesiones. En un momento u otro el/la paciente hace alusión a lo baja que tiene su autoestima.

 

Es una palabra que está “de moda”, más bien diría que está en boca de todxs. Incluso en las conversaciones con los adolescentes que me rodean la utilizan.

 

Para mí, obviamente, también ha sido y es un concepto importante, con decirte que el primer taller terapéutico que recibí fue Autoestima y Culpa (con mi querida Pepita, mi terapeuta del momento), ya queda todo dicho.

 

Pero ¡fíjate!, y ahí quiero llevar el curso de esta reflexión, ¿qué entendía yo por autoestima cuando decidí tomar el taller? Te aseguro que no tenía ni idea de lo que quería decir y de entrada me apunté por la intuición y la confianza en mi terapeuta de que aquello me iba a ir bien, ya que yo jamás hubiera dicho que tenía un problema con mi autoestima, ni leyendo su definición académica.

Si consultas la RAE verás que dice: Aprecio o consideración que uno tiene de sí mismo.

(y yo lo creía tener bastante alto)

 

Así pues, empecé a construir mi definición de autoestima, basándome en lo que a mí me ocurría y que yo había decidido que eso era un problema de autoestima.

 

Como era un momento en el que básicamente estaba triste y perdida y lloraba más que hablaba, pensé que como tenía la autoestima baja por eso estaba triste.

Después, en un alarde de consciencia, me dije, ah, no, es al revés, como estoy triste me baja la autoestima (qué habilidad mental, ¡eh!). Después me dije, soy débil y vulnerable porque tengo la autoestima baja, no llego a todo y todxs porque estoy con la autoestima baja, cuando tengo la autoestima baja me hago pequeña, me cuestan las relaciones porque tengo la autoestima baja, no consigo ese ascenso porque yo tengo baja la autoestima y mi compañero no…

Ah, y los anhelos del estilo, si tuviera la autoestima más alta haría esto y aquello mejor…

Así un sinfín de frases en las cuales la palabra autoestima salía o como la culpable de todos mis males o como la consecuencia de todos mis comportamientos.

¡UN AUTÉNTICO LÍO… y error!

 

Digo error porque con el ánimo de “mejorar mi autoestima” (con estos criterios) estaba tratando de HACER, las cosas mejor. No se me ocurrió, de entrada, dirigir mi camino hacia tratarme con amabilidad, quererme, cuidarme… sino que quería llegar a más y hacerlo mejor.

Esa fue la asociación mortal, confundir la autoestima con la autoexigencia y con una autoimagen triunfadora.

No sé si te resuena este camino, pero lo que sí es cierto es que me he decidido a escribir sobre ello, porque, tanto en la consulta, como “en la calle” esta confusión está a la orden del día.

 

Cuando detectamos un problema de autoestima, no nos estamos refiriendo a la estima hacia nosotrxs mismxs, sino que lo estamos asociando a poder con todo (por decirlo directamente) y eso poco tiene que ver con la autoestima. Más bien,

 

estamos tratando de agrandar nuestra autoimagen, metiéndonos en el camino de una gran autoexigencia.

 

Evitamos asumir que tenemos límites y cada vez que nos encontramos con uno, lo asociamos con la autoestima baja. No, rotundamente NO. Tenemos límites y no solo no tienen que ver con tener la autoestima baja, sino, todo lo contrario. Verlos y asumirlos denotan una autoestima muy bien colocada, como señal de respeto y cuidado a unx mismx.

 

De hecho, creo que lo de amarse a unx mismx va por ahí… por lo menos para mí.

 

 

Hoy en día, esta es mi forma de verlo. ¿Qué me cuentas sobre esto? ¿Cuál es tu experiencia o mejor tu vivencia de tu autoestima?