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El cuerpo, sí pero...

Hoy te comparto que los talleres que realizo dentro del Itinerario SER MUJER, me dejan resaca siempre. Y aunque cada uno tiene sus especificidades hay un denominador común: la sensación y constatación de que la dificultad que tenemos las mujeres con respecto a la aceptación de nuestro cuerpo es de dimensiones estratosféricas…(me consta que cada vez hay más hombres con problemáticas de aceptación de su cuerpo. Si es tu caso, te animo a que también te pongas manos a la obra, ¡como no!)

Con esto no quiero decir que no haya mujeres que estemos en paz con él, pero ocurre casi siempre, que hay un “PERO”.

Imagínate que estás recorriendo la tierra viendo sus maravillas arquitectónicas: la Alhambra, el Perito Moreno, las Pirámides, la Sagrada Familia, la Gran Muralla, el Machu Pichu… y de tus crónicas de viaje, destacas si te han gustado o no por los turistas, el calor, los precios, las largas colas de espera… y te olvidas de admirar la belleza de sus formas, la historia que albergan, la originalidad y diferencia, el esfuerzo y sacrificio de su construcción, la devoción de sus creadores…

En tus crónicas siempre habría como mínimo un “pero” y en muchos casos te quedarías con una visión superficial y que poco tiene que ver con el monumento en sí mismo.
La sensación que te quedaría después de hacer un viaje de esta magnitud y no haber podido reconocer la belleza de éste sería de una gran frustración, como mínimo.
Ahora me dirás que eso no te pasa, que cuando viajas, más allá de las dificultades “logísticas” que conlleva viajar, siempre vuelves con la mirada renovada, con amplitud de mente, inundada de belleza. ¡Claro que sí!

Pues ¡fíjate!, de lo que me he dado cuenta en estos talleres es de que

...cuando EL TEMPLO a admirar es tu cuerpo, no hay forma de llegar a la esencia...

Nos quedamos en la parte superficial, estética y de ahí salen tantos “peros” que no conseguimos verlo como el sostén de nuestra vida, como el contenedor de todas nuestras capacidades y en definitiva como la fuente de vitalidad y placer que somos.

De repente sufrimos una ceguera temporal total que nos impide vernos con respeto, dignidad, admiración y amor. Y eso no nos permite gozar de la vida plenamente.

Según mi vivencia y compresión, podemos tener la idea de gozo y placer, pero si no encarnamos esa idea en nosotras mismas, se queda en eso, en una idea o fantasía.

¿Cómo podemos encarnar esas ideas? ¿Cómo podemos quitarnos la venda de los ojos y devolverle a nuestro cuerpo la cualidad de ser sagrado?

La respuesta que me encuentro en estos talleres y en mi experiencia propia, es con coraje y apoyo de grupo, de ahí la tarea que me he asignado de facilitar estos talleres, como lugar de encuentro y apoyo mutuo.
Con mucho mimo y respeto, te acompaño en este camino sagrado hacia ti.
¡Muchas gracias por la confianza!