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Año nuevo, vida nueva

Nos deseamos estos días incansablemente cosas tales como Feliz Año, Feliz y Próspero Año, Que este Año te traiga todo lo que deseas, Que tus sueños se hagan realidad, ¡Año Nuevo, Vida nueva!... lindos deseos y a la vez, si los leemos con atención, son de una gran envergadura.

 

 

 

 

 

 

Nosotros somos así, de desear cosas a lo grande y dejarnos las menudencias en el bolsillo. Cosas como: que duermas seguido y profundamente, que comas sano, que goces de una buena dentadura, que tu sexualidad sea gozosa, que te rodee belleza, que encuentres limpios los lugares por los que pasas, que no te impacientes en la fila del súper… estas cosas no “hacen fiesta” (como decimos en casa), es más, te sientes reprendido y/o juzgado.
En cambio, te desean que todos tus sueños se hagan realidad y dices: Oh, muchas gracias, igualmente. ¡Como si eso fuera posible!, jeje, pero por ahí ya iré en otro escrito.
Lo que te quiero contar es que, a veces me pasa que una frase o una palabra se me queda orbitando en la cabeza como esperando a que la atienda, a que la diga más despacio y revise lo que estoy diciendo.

¿Te pasa a ti?
Es la sensación de que la frase me llama y me pone en alerta de la llegada de un nuevo mensaje para mí. Este año ha sido “¡Año Nuevo, Vida Nueva!”
Principalmente la segunda parte:
VIDA NUEVA


Y no es extraño, te confieso que todo lo que sea nuevo, cambio, diferente, de entrada, me pone en alerta. Vivo, ante lo nuevo, la ambigüedad entre la alegría y la incertidumbre, entre la frivolidad y la responsabilidad, entre la superioridad y la desvalorización, entre la confianza y el rechazo…

Porque a mí me cuestan los cambios. Los anhelo en modo niña (quiero juguetes y ropa nueva y luego me da pereza recoger las cajas y los papeles de los regalos y lo dejo para los mayores) y los temo porque me implican hacer cosas nuevas, e inciertas. Lo que tanto decimos en la terapia: salir de la zona de confort.

Y lo curioso es que si miro mi vida no ha sido precisamente estática. Ha habido y hay cambios constantemente. Y entonces...

¿por qué tengo la creencia de que me cuestan?

Mirando la foto que acompaña esta reflexión me llega una respuesta que me da una certeza: si yo tuviera la confianza en que, aunque hay cambios en la vida, el movimiento cíclico nos hace pasar por las mismas situaciones desde diferentes lugares de conciencia y entendimiento y no los tomara como absolutos (que de esos están nacer y morir, creo yo) los viviría más tranquila, como otra oportunidad…. Sin más.

Por eso, con la tranquilidad con la que esperan estos árboles a tener hojas nuevas en primavera, eclosionar en verano, perderlas en otoño, pelarse en invierno y así cíclicamente… reviso qué me trae este año la palabra NUEVA, acompañada de vida, en el ámbito profesional:

  • Concretar mi proyecto SER MUJER, para extenderlo allá donde haga falta
  • Adaptarlo a las adolescentes y jóvenes
  • Acondicionar un espacio en el que poder desarrollar mi profesión sin miedo a molestar a los vecinos
  • Reforzar mis conocimientos teórico-prácticos como terapeuta
  • ¡Dejarme sorprender!

Y a ti, en el ámbito profesional ¿qué te trae? Y en el personal, familiar… (estos ya los dejo para tu reflexión íntima)

Te invito a hacer esta reflexión en cualquier momento del año, pero aprovechando este precioso convenio de año nuevo, quizá es un buen momento.

¡Año Nuevo y Vida Nueva para cada día, de todos los años!