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Cambio de cromos

Una de tantas frases que me regaló una conversación con una amiga decía así: “no quiero tener tanta disciplina, ni tanta rigidez, odio ser tan estructurada, quiero en mi vida flexibilidad… ¡estoy harta de mí!”

Como puedes deducir fue un momento de bastante desesperación de mi amiga y sobre todo de mucho sufrimiento. Ella se encontraba en un momento en el que no se estaba hablando demasiado bien…

 

Dejando estas consideraciones aparte, que quedan en la intimidad compartida entre mi amiga y yo, y obviando el resto de la conversación, la frase se me quedó bastante tiempo dando vueltas en la cabeza.

 

En su momento me resonó fuerte porque me vinieron a la cabeza las veces que yo me había hablado así, con tanta dureza, despreciando aspectos tan arraigados en mí, sobre los que ya no estaba tan conforme. También porque recordaba momentos de mucho sufrimiento durante el proceso de autoconocimiento que podía sentir en la terapia individual o en los grupos de crecimiento y formaciones con este enfoque que estaba realizando.

 

Yo también llegué a aborrecer esos aspectos de disciplina, constancia, estructura, rigidez, metodología que, aunque no son muy propios de mi carácter, sí había aprendido a la perfección.  Y lo cierto es que me habían dado y me daban buenos resultados, pero los empecé a despreciar en pos de conseguir flexibilidad, fluir, dejar que las cosas ocurrieran, que la vida me marcase el camino, de no empujar, de sentir mi energía a ver si era el momento adecuado o no… siguiendo esta corriente, tan de moda, de ponerme en sintonía con la vida, o por lo menos, como yo la entendía, claro.

 

¿Y cómo la entendí? En su momento creí que para para estar más acorde con lo que mi cuerpo y mi alma me pedían debía renunciar a esos aspectos de mí que consideraba menos nobles (los que ya he nombrado de disciplina, constancia, esfuerzo, estructura…) y más acordes en otros trabajos más “de despacho”.

 

No veas, qué error. Cuanto más quería yo eso más sufrimiento encontraba….

 

Hoy en día, creo que es el error más común en las personas que empezamos a revisarnos. Hacer una especie de cambio de cromos: cambio mi cromo de estructura, por el de dionisiaco que “mola mucho más”, cambio el de disciplina por el de dejar a ver qué ocurre…. Y así sucesivamente.

 

He tardado muchos años en entender que la colección de cromos se completa cuando tienes TODOS los cromos en su lugar, no cuando tienes muchos cromos de un tipo. Ah, y el sufrimiento se desvanece, dicho sea de paso.

 

¿Obvio verdad? Pues el caso es que hace un año que no escribo ningún post y me encuentro el otro día con un amigo, clamando al cielo… ¡dónde está mi disciplina y mi estructura!, ¡qué vuelvan!

 

Así es que ahí dejo mi reto, para activar de nuevo esos valores que tanto bien me hacen: un post o artículo por mes. ¡Dicho está!

 

Cuéntame tú: ¿qué cualidad vienes dejando de lado que ahora te vendría tan bien? O si no es el caso, ¿cuál es tu compromiso de inicio de curso? ¿qué cromos te faltan en la colección que en su día regalaste?

 

Un abrazo y hasta octubre