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De Fuera a Dentro

Habitualmente te envío reflexiones muy personales, en estos mails que recibes. Lo hago por compartir, o mejor dicho por compartirme.
No me resulta fácil expresar mi mundo interno y aun así me hace mucho bien. Y es porque durante un ratito trato de ordenarme, silenciar el alud de pensamientos de mi cabeza, silenciar el móvil y demás distractores de casa, respirar y ver qué fluye de mi mano. Qué se me hace presente para plasmarlo y compartirme…

 

Si no, en mi día a día me doy cuenta de que sólo alcanzo a compartir lo de fuera, mi superficialidad, y lo de dentro queda opaco incluso para mí (no digamos para el/la otrx)

Dicho esto, pues está siendo bien difícil este mes de octubre escribir: me resulta tan fuerte lo de fuera, me cuesta tanto apagar mi cabeza, mi móvil y los distractores de mi casa, que llegar dentro de mí está siendo realmente difícil. A veces he cometido el error de evitarlo, porque cuando voy me encuentro con tanto desasosiego que creo que no lo soporto… craso error.

Me encuentro lo mismo en la consulta. Las personas estáis llegando con un desasosiego extra al que habitualmente traéis y con más dificultad de la habitual para ver. Bueno pues MANOS A LA OBRA.
Quiero aportar mi granito de arena a mitigar este extra de desasosiego.
Se trata de mirar hacia dentro, y con ello no quiero decir “me da igual lo que pasa en la calle” (que cada uno decida lo que quiera, faltaría más), quiero decir que, en estos días de tanto impacto externo, 

urge reencontrar tu punto de anclaje personal, tu autoapoyo 

y aunque recurras al apoyo colectivo y/o profesional, hace falta que pongas algo de tu parte.

Tu verdad es aquel punto del cuerpo en el que notas que te puedes arraigar bien en la tierra, aquel punto inamovible por tsunamis, huracanes, terremotos, y movilizaciones varias. Ese punto al que ir y volver cada vez que sientas este fuerte desasosiego. Y matizo, aunque diga inamovible, a veces yo lo estoy encontrando en lugares diferentes …

¿cómo hacerlo? Hoy te presento una propuesta

  • Busca un lugar en el que sentarte cómodamente con la espalda todo lo recta que puedas. Lleva una mano a la zona de tu pecho y la otra a la de tus tripas y respira. Lleva la atención a tu respiración de forma que tú misma la vayas notando calmada. En ese momento y sólo en ese momento de calma (puede llevarte tiempo si te notas muy agitadx) siente en qué parte de tu cuerpo se encuentra hoy tu punto de anclaje. Eso puede ser una sensación o incluso, al principio, puede ser una decisión. Sirve también.
  • Una vez localices ese punto, te invito a que visualices/imagines/pienses en un hilo bien resistente que va descendiendo hacia el centro de la tierra, baja, baja y baja hasta llegar a ese centro de la tierra que todos imaginamos en algún punto. Ahí visualiza/imagina/piensa que atas tu hilo. Nada más. Respira la sensación de sentirte ancladx en medio de todo el movimiento externo. en medio del huracán emocional.
  • Hecho esto, repite el mismo camino, pero esta vez hacia arriba (¡sin desatar el de abajo, claro!) y ahí te invito a que llegues hacia ese centro imaginario del universo (no te pongas exigente) igualmente ahí atas tu hilo.
  • Respira la sensación de encontrarte ligada a esos dos centros tan magnificos.
  • Sólo cuando tú decidas y si así lo deseas, te animo a que vayas deshaciendo los nudos, recogiendo los hilos lentamente y sigas respirando esa sensación, que ya está en ti, durante un rato.
  • Cuando esté bien para ti, lentamente vas abriendo los ojos, deshaciendo la posición de tus manos y haces los movimientos que tu cuerpo te pida, hasta incorporarte a tu hacer diario. Trata de mantener lo máximo que puedas esa conexión y sal a la calle, o sigue en ella, sabiendo que en cualquier momento puedes recuperar ese lugar de anclaje. Ya está en ti, por ese día.

Esto no te llevará mucho tiempo y te recomiendo hacerlo cada día.

Lo dicho, un granito de arena para calmar el desasosiego. A mí me está sirviendo, igual a ti también.

Un abrazo grande de contención y amor.