Terapia vacacional

Hace días un amigo me dijo que echaba de menos los artículos que una vez al mes escribía en mi blog y que le compartía, igual que a ti.

Revisé los archivos y sí, efectivamente, vi que desde noviembre del año pasado no te había escrito. Modelando un título de una canción de Julio Iglesias “Me olvidé de vivir” (que por cierto no tiene desperdicio la letra), yo, me olvidé de escribir y en cierto modo de “bien vivir”.

 

¿Y qué me ha pasado?, me pregunté… pues bien, en octubre del año pasado, tuve un pequeño accidente de bicicleta. Todo fue pequeño: el agujero del asfalto, la rueda de mi bicicleta, yo iba leeeenta, lenta, y mis dos rodillas fueron al suelo, y aunque el golpe en mi rodilla derecha fue pequeño he estado 8 meses sin poder moverme sin dolor…ya ves tú… un pequeño momento, una pequeña lesión y yo me olvidé de bien vivir.

 

No te voy a contar aquí las peripecias para recuperar mi rodilla (eso daría para un relato que quizá algún día me anime a escribir) pero sí te comparto que me centré en adaptar mi vida de constante movimiento (por mi profesión y mi ocio) a una movilidad reducida y dolorosa. Y yo soy rápida en la acción y lenta para los cambios…. Si me conoces ya sabes cómo habrá sido.

 

Pero esta historia tiene un final feliz y es que dentro de 3 días empiezo terapia. Sí, has leído bien. Se acerca mi momento de hacer terapia… ¡y lo celebro! Y es que mi terapia particular más efectiva es irme de vacaciones. Me explico:

 

En algún momento de tu vida quizá te has escuchado decir “necesito ir a terapia”; algún asunto en el que te has encallado, en el que no tienes claridad y consideras que necesitas el apoyo de alguien ajeno a ti para que lo puedas ver con algo más de claridad.

Bien, qué representa, de hecho, este “ir a terapia”: muy en lo concreto, es un momento del día en el que vas a estar contigo compartiendo tu mundo interior con otra persona o personas (tus pensamientos, tus ideas, tus sentimientos, emociones…). Es un momento en el que paras tu actividad, sea la que sea, para reflexionar, darte cuenta, tomar consciencia de tu vida, prepararte para hacer cambios, responsabilizarte… en definitiva, es un momento de revisión, de pausa.

 

Bien, pues eso, mi terapia es irme de vacaciones: tomarme ese momento para mí, reflexionar y descansar la mente, a la vez, compartir y vivir mis sentimientos, actuar según lo que siento y pienso, parar mi actividad, prepararme para cambios venideros…. ¿Y quién me acompaña, quién me apoya? La montaña, el camino, el río, los árboles, las flores… en definitiva, la naturaleza se convierte en mi terapeuta. Es una terapeuta sólida y confiable para mí y por unos días me voy a poner en sus manos.