INvierno, INtrospección

Tiene algo de poético el silencio de mi mano.

 

Aparece calmada, discreta, como que no está. La miro y veo cómo se va posado por todos los espacios que habito, cómo recorre suavemente las texturas que descubro… añade la pausa al libre circular de mi vida.

 

Registra la cantidad y la calidad de mi alrededor, la suavidad y la aspereza, el frío y el calor, lo tierno y lo firme… me da presencia cuando me ausento en la vaguedad de mis pensamientos.

 

Y digo poético porque para mí no hay nada más poético que el devenir de las estaciones del año. Una viene y la otra sale, sin drama. No hacen, no empujan, si una se retrasa la otra se alarga, si una no parece lo que debe ser, la siguiente no se lo recrimina…

 

Bien, pues parece que mi mano es la única de la casa que se ha acomodado al invierno y eso es lo que me parece poético. Ha estado en silencio, discreta, lenta, reflexiva… ha estado de invierno. ¡Y me da mucha alegría!

 

El resto de mi cuerpo sigue empujando, cargando, creyendo que puede… pero hoy no quiero poner la atención en eso (sólo de pasada pedirle perdón a mi espalda). Hoy quiero CELEBRAR y HONRAR a la parte de mí que se acomodó al invierno, que se sumó a la lentitud, a la introspección, a la reflexión y al silencio.

 

Y lo quiero celebrar con vosotr@s compartiendo este precioso poema de Hugo Mújica, de su libro Lo Naciente (¡Dios, qué descubrimiento!)

 

La poesía no da a conocer

las cosas,

ni a la montaña

                      ni a la lluvia que sobre ella cae,

 

da a escuchar al silencio en el que las cosas son

                                               cuando están en ellas mismas.

 

Escribir comentario

Comentarios: 0