La paradoja

Observo en mi la siguiente paradoja: cuando algo me gusta me sale con facilidad el “nosotr@s” y cuando algo me disgusta sale rápidamente el “tú” o el “ell@s”.

Y le llamo paradoja (según la RAE: Dicho o hecho que parece contrario a la lógica) porque se escapa a mi lógica. A simple vista parece una reacción infantil (¿os acordáis del “yo no he sido ha sido él/ella”?) y veo que ha sido en mi edad adulta cuando he conseguido el más tremendo refinamiento de la técnica; tanto, que a veces me cuesta pillarme.


Hoy me pillé y decidí celebrarlo echando una mirada a qué es lo que opera en mi para seguir haciendo uso de esa reacción infantil con la edad que tengo!


He decidido eliminar todas las respuestas estándares de terapia del tipo: que si miedo al castigo, que si soberbia, que si yo me siento superior, que si busco la excelencia, bla, bla, bla, que no dudo que en muchos momentos eche mano de ellas, pero que ya me huelen a superficie.


Yendo más a lo profundo: ¿qué sería lo que opera en mí?


Intuyo que tiene que ver con lo que me une y lo que me separa del otro. Me explico: cuando algo me gusta, me es muy fácil resaltar las cosas que me unen al otro, las que comparto y desde ahí nace un nosotros sincero, de corazón, mientras que cuando algo me disgusta o lo juzgo penoso pongo el foco en lo que me separa, en la diferencia y ahí no hay forma de mirar ni de reojo lo que me une, es como si desapareciera y tomara mucha fuerza lo que me separa. Ahí voy engendrando una rabia o incluso odio tal que no veo.


No me sienta bien esta postura: cuando pongo el foco en lo que me separa del otro, lo pongo tanto que me desresponsabilizo y ya son ell@s l@s mal@s de la película que se llama Mi VIDA.


Oye, yo decido que ya vale de esto: una cosa son las diferencias y la otra no sentirme para nada unido al otro y dejar de verle y sobretodo de verme. Porque es en el otro en quien mejor me veo! A día de hoy mi visión 180 grados se ha afinado mucho y la 360 grados todavía tiene puntos ciegos, así que no estoy para rechazar a nadie que se ponga delante mío.


En mi experiencia en grupos es donde más me entreno en esto: palabra que no llego a la iluminación, pero sí trato de poner el foco en lo que me une a la gente, el proceso contrario es un automático que ya sé dónde me lleva, a la soledad más profunda, en la que me separo del otro y directamente de una parte de mí.

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