La voz es cuerpo

Este fin de semana estuve de viaje por las Bodas de Sangre de Lorca de la mano de Consuelo Trujillo y mis hermanos de postgrado: paseamos y entramos en profundidad por la vida, la muerte, la pasión, la alegría, las mujeres, los hombres… y por encima de todo afloró nuestra verdad, una verdad que fue más allá de nuestro carácter, una verdad universal que nos permitió mirarnos y reconocernos en todo y en todos.


Más allá de la diferencia, más allá de lo que nos diferencia y siempre rescatando lo que nos une.


No os describiré la experiencia, porque como tal, es única para cada persona y pertenece al colectivo que la configuramos, pero sí rescato una frase de la MADRE, doliente y resentida por la muerte del marido y el hijo: “cien años que yo viviera no hablaría de otra cosa…”
Me atravesó la MADRE en esta obra y las frases que pronuncié de ella me tomaron y las grité y susurré una y otra vez….

Cuando finalicé el fin de semana, yo no tenía nada más que decir: sentí que muchas de la frase de esa MADRE universal, doliente, vital y apasionada eran frases que en momentos de mi vida hubiese necesitado decir, las tenía pendientes y el cuerpo se aflojó, les dio salida y me llegó la paz. Se silenció el murmullo del fondo de mi cabeza; murmullo antiguo cansado de dar vueltas y vueltas.

Hasta vaciarme de ruido no imaginaba que hubiera tanto. Para poneros una imagen cotidiana: ¿sabéis el ruido que hacen las máquinas de climatización que cuando paran dices “ufff qué alivio, no me había dado cuenta”?,  pues lo mismo nos ocurre con nuestros ruidos (el tan de moda RUN-RUN) de dolores no expresados, gritos de felicidad ahogados, rabia y resentimiento encarnados en tensiones corporales; ahí están, normalizados. YA BASTA!

Te propongo algo muy sencillo para que puedas calibrar tus decibelios de ruido: colócate en la intimidad de tu casa, en un lugar agradable (a veces ayuda estar contra la pared) y ves diciendo en voz alta todo lo que va pasando por tu cabeza, sin juicio, sin censura, ponte honest@ y siéntete libre de dejarlo salir: ¿dónde estás, en nivel conversación, nivel aspirador o nivel cohete de despegue?

Sólo cuando calibres el impacto de estos ruidos en tu vida podrás ponerte manos a la obra con ellos.

He encontrado algunas prácticas y propuestas que ayudan a silenciar esos murmullos o ruidos constantes de la cabeza: para decir las frases que nunca fueron dichas, para relajar el cuerpo tenso de callarlas.


Hace tanto bien….

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